Morgan se inspira en “El nadador” de John Cheever


Morgan, banda de “pop afónico” de Barcelona, se tira a la piscina con esta canción inspirada en “El nadador” (de John Cheever, claro). Y el chapuzón les sale bien.

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Emocionante: John Cheever leyendo “El Nadador”

John Cheever reading one of his most famous stories, “The Swimmer” at 92nd Street Y on December 19, 1977. “The story was made into a film some of you may have seen,” Cheever remarked before he began to read. “It still runs on late-night television. I know because people always call me and say, ‘Hey, you’re in the movies!’ It’s usually about half past 11. . . . Here again the story has had an international success, and the various interpretations have always interested me. It’s very popular in Russia, for example, where there are almost no swimming pools and where almost nobody swims.”

Tertulia sobre “El Nadador” en LITER-a-TULIA

Última cuestión suscitada en la tertulia sobre El nadador, de John Cheever

¿Cuál es la diferencia entre cordura y locura? Estamos dando por hecho que los que le están diciendo cómo tiene que comportarse Neddy, son los cuerdos. Y quizá no lo sean. ¿Realmente este hombre está desarrollando una locura o se la estamos haciendo ver?Lo que se dio por sentado en la tertulia es que en Neddy hay algo de una locura generalizada. Nadie podría levantar la mano diciendo que está a salvo de la locura y nombrar al otro como loco. Todo ser puede caer en ella.

Es por ello que en el comienzo de la tertulia se cuestionaba la misma realidad, porque, efectivamente, ¿cuál es la realidad en la que uno puede asegurar que está la cordura y en otra realidad la locura. Es difícil establecerlo. Graciela Kasanetz hablaba de construir algún tipo de río navegable. De alguna forma, todos estamos compelidos a construir algo en lo que podamos estar más o menos asentados. Quizá, la sutil diferencia entre locura y cordura se pueda establecer por cierta distancia que uno pueda tomar respecto a esa ruina a la que llega el protagonista. Es lo que puede hacer decir a alguien que el piso sobre el que se sostiene es más consistente que otro, pero, a fin de cuenta, todos estamos marcados por lo mismo. Cualquier realidad no hace sino ceñir un abismo al que todos estamos expuestos. Por lo tanto, como decíamos poco más arriba, quizá la distancia que podamos establecer con ese abismo sea lo que nos permita decir, ni siquiera “Yo soy cuerdo”, sino tan sólo “yo estoy cuerdo”. Pero tampoco con la boca muy grande.

“El nadador de John Cheever” por Eduardo Jordá

17ª piscina: la suya, su casa. Culmina la progresión hacia la oscuridad. “Todo estaba a oscuras”. Garaje cerrado con llave y la puerta oxidada. Una tormenta ha arrancado una tubería. Puerta delantera cerrada a cal y canto. Ned recuerda que ya no tiene cocinera ni doncella. Grita, golpea, intenta derribar la puerta. Todo es inútil: “La casa estaba vacía”. El peregrino, el explorador, ha llegado a lo más profundo del castillo, y allí ha descubierto la verdad que todo el mundo conocía y que él se negaba a reconocer. Está solo. No hay nadie en su casa, y tampoco había nadie en casa de los Westerhazy. Lucinda no estaba con él. Ni tampoco estaban sus amigos, los Westerhazy, porque ya no tiene amigos. Y ni siquiera podemos estar seguros de que estuviera él en aquella piscina inicial. Todo se desvanece, hasta la certidumbre física de la existencia de Ned, que se convierte en una especie de aparición, como una de aquellas hojas amarillentas arrastradas por el frío viento de otoño. Ned Merrill regresa a la irrealidad, al vacío, al aterrador hueco en la esencia de la realidad de donde ha salido.

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“El nadador” por Juan Marín

Foto: “el nadador gigante de Londres” por Felipe Productions!

Hola. Aquí, al borde de la piscina. Enseguida me tiro al agua, que está azul y fresquita. Pero en esta situación, más de una vez pienso en John Cheever, un escritor americano que alcanzó la fama con una narración de quince páginas, que tituló “El nadador”. Me parece una buena historia para recordar en verano: un hombre de mediana edad, de clase media alta, se recupera de una resaca en casa de unos amigos, después de la fiesta de la noche anterior. De pronto, tiene una idea un tanto peregrina: regresar a su casa nadando por las piscinas, una tras otra, de sus vecinos de distrito. Y lo hace.

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[enviado por Daniel ¡gracias!]

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