Lecturas de Madrugada 3: “En la cárcel de Falconer”, de John Cheever

 Días atrás decidí ordenar mi biblioteca. Mientras colocaba los libros en los nuevos anaqueles, encontré una novela que compré en una perdida y lejana noche del segundo lustro de los noventa. Por aquella época devoraba todas las películas de la Filmoteca de Lima, cuando esta quedaba en el lugar que nunca debió abandonar: El Museo de Arte. Estaba desconcertado, la película, la tercera del día, La noche, de Michelangelo Antonioni, me había dejado con más preguntas que certezas.

Cada vez que salía de la filmoteca, casi siempre pasadas las diez de la noche, o bien me dirigía al centro o a mi casa. Esa vez me decidí por la segunda opción. Y cuando eso ocurría, caminaba hacia el paradero de la Av. Wilson con Paseo Colón. Allí, en un espacio de treinta metros de vereda, se ubicaban algunos vendedores de libros. Me ponía a ver someramente los títulos, la mayoría de los cuales no despertaban mi interés. Pero lo hacía, ya que abrigaba la esperanza de encontrarme con el “Gordo” Padilla, que sabía de títulos, y bastante, pese a no tener una voraz costumbre lectora. Nunca fuimos amigos, pero sintonizábamos en ciertos temas y cuando me lo encontraba le pedía que me consiguiera algunos libros. El tipo prestaba atención a lo que le decía, como la vez que le hablé de mi creciente interés por la narrativa norteamericana de la segunda mitad del siglo XX, o sea, MalamudBashevis SingerBellowHimesKerouacWolfey demás.
Cada vez que lo hallaba sabía que algo bueno, o quizá muy bueno, me llevaría a casa. Y esa noche de tentadora lluvia y creciente frío y salvadores cigarros, él me alcanzó, como si hubiese estado esperando mi llegada, En la cárcel de Falconer, de John Cheever (1912 – 1982).
“Este es norteamericano. Parece que es bueno”, dijo.
por Gabriel Ruiz Ortega

Noticias sobre “Cuentos” y “Falconer”

RBA publica ‘Cuentos’ y ‘Falconer’, la última gran novela de John Cheever,

RBA publica ‘Cuentos’ y ‘Falconer’, la última gran novela de John Cheever, uno de los grandes clásicos de la literatura norteamericana del siglo XX considerado por Philio Roth “un realista con magia”.

Autor imprescindible para comprender las inquietudes, los deseos y los miedos de toda una clase social, John Cheever es considerado hoy un clásico incontestable de las letras estadounidenses, especialmente gracias a sus relatos breves, que lo sitúan entre los mejores escritores modernos del género.

Estos cuentos, ambientados sobre todo en urbanizaciones situadas en el extrarradio de las grandes urbes, aunque también en otros lugares como la ciudad de Nueva York o Italia, constituyen retratos sociológicos de una clase media norteamericana que disfruta de lujos materiales pero que paradójicamente se ve acosada por una inefable sensación de vacío y soledad.

Nota de EFE reproducida en varios medios [leer artículo en La Información]
viernes, 09 de noviembre de 2012, 12:08
MADRID, 9 (EUROPA PRESS)
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Cuentos imprescindibles: Tomeo y Cheever

Días de alegría para quienes nos interesa el relato corto, porque Páginas de Espuma edita los Cuentos completos de Javier Tomeo y RBA, un tomo similar, aunque no sean completos, de John Cheever.

[…]

John Cheever, genio y figura del siglo XX estadounidense, vuelve a brillar cada vez que un lector lo descubre o lo redescubre, con obras maestras de la narrativa como en “Adiós hermano mío”, La geometría del amor”, “El nadador” o la extraordinaria nouvelle “El marido rural”. El escritor que para muchos, mejor supo retratar a la clase media y baja de los Estados Unidos, es ante todo una voz que habla detrás de las miserias y los lamentos de unos personajes completamente realistas, iluminador imprescindible de la psicología de los miedos y las incertidumbres de la gente común, un espejo del vacío existencial detrás de tantos y tantos escenarios pretendidamente multicolores de una sociedad decadente.

[Leer artículo completo en blogs.periodistadigital.com]

 

sobre “Falconer” de John Cheever

Falconer es una obra sobre el deseo de libertad que hay en todos los seres humanos y a veces parece un cuento, una alegoría con reminiscencias casi míticas. A veces me gustaría que Cheever me contara más sobre la relación del protagonista con su hermano, qué le llevó exactamente a asesinarlo, pero, para bien o para mal, esto a Cheever no le interesa. Y es que ‘Falconer’ es también una novela sobre el deseo de amor, de felicidad, de otra vida posible más allá de la mediocridad y la rutina que nos rodea. Creo que cada vez tengo más claro que Cheever es y no es a la vez, pero, sea como sea, siempre es magnífico.

Publicado por Núria. 30 de marzo, 2012 en Bugs eat Books
[Leer reseña completa en el blog Bugs eat Books]

Austral publicará a John Cheever

En los últimos años, los responsables de Austral han ‘reforzado’ la nómina de autores contemporáneos para atraer a nuevos lectores.

Así, se van a publicar obras de Kenzaburo Oé, Yasunari Kawabata, John Cheever (este año se conmemora el centenario de su nacimiento), Noam Chomsky, Paul Bowles, Andrés Trapiello o Pere Gimferrer, entre otros.

La idea es incrementar el fondo de Austral con los autores ‘más influyentes del siglo XX’, y para ello cuentan con el catálogo de los diferentes sellos de Planeta, entre los cuales hay algunos ‘tan literarios’ como Destino o Seix Barral.

[Leer noticia completa]

“Promesa y frustración en las ciudades de John Cheever” por María Rosa Burillo

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“Promesa y frustración en las ciudades de John Cheever”

María Rosa Burillo Gadea Universidad Complutense de Madrid

Revista de Estudios Norteamericanos, nº 4 (1996) pp. 65 -71

“La familia Wapshot” de John Cheever

El propio Cheever nunca estuvo contento con ‘El escándalo de los Wapshot’. Pensó en quemar el manuscrito. Luego lo llevó a su editor pero antes de entrar en el edificio lo arrojó a la basura. Se lo volvió a repensar, lo sacó de la basura y se fue al cine. Miró la peli con el manuscrito encima de las rodillas y, cuando se terminó la sesión, entró en el despacho del editor cuando éste no estaba, dejó el manuscrito encima de su mesa y se las piró sin decir nada. Una escena realmente muy cheeveriana. Ya lo he insinuado, me parece una novela floja, básicamente porque me parece una novela desordenada y anárquica, con infinidad de cabos sueltos. Pero aún así, Cheever siempre es Cheever y, de vez en cuando, nos regala un párrafo de esos suyos tan perfectos; perfecto porque ha aplicado sus dotes de observación y nos deja ver bajo una luz nueva algo que es perfectamente reconocible para nosotros, y encima con un sentido del humor mordaz, crítico y juguetón.

 

Leer artículo completo en el blog Bugs eat Books

Página del manuscrito de “Falconer”

Vintage Cheever

Novedad: “Oh, esto parece el paraíso” en catalán

Publicada por Viena Edicions (ver ficha)

Això sembla el paradís!

Això sembla el paradís! Inèdita fins ara en català, l’última novel·la de John Cheever, el cronista més àcid de la classe mitjana nord-americana. El relat de la sorprenent batalla que lliura el protagonista per recuperar un paradís perdut de la seva joventut, esdevé en aquesta novel·la una lúcida metàfora sobre la condició humana. I és que, des de la mirada càustica i alhora tendra de l’autor, l’ésser humà és una espècie capaç d’aconseguir el millor sense proposar-s’ho, o fins i tot com a conseqüència d’un pla que s’encaminava en una direcció ben diferent… Un magnífic colofó a una de les carreres literàries més brillants del segle XX.

Reseña por Xavier Pla

en Crónica de los Wapshot

-¿Por qué llora?

-Dios mío -dijo ella-. Sé que no debería llorar delante de extraños, pero el jefe entró hace un momento y me vio fumando un cigarrillo y me armó una bronca. No había nadie en la tienda. Siempre hay poca gente a estas horas cuando llueve, pero eso no es culpa mía, ¿verdad? No tengo nada que hacer cuando está lloviendo y no me voy a poner ahí fuera a pedirle a la gente que entre. Pues hacía veinte minutos, veinticinco o treinta minutos, que no venía nadie, así que me metí en la trastienda y encendí un cigarrillo y en seguida entró él, olfateando como un cerdo, y me echó una bronca. Me dijo unas cosas horribles.

-No haga caso de lo que diga.

-¿Es usted inglés?

-No -dijo Coverly-. Soy de un sitio que se llama Saint Botolphs. Es un pueblo, al norte de aquí.

-Se lo pregunté porque no habla usted como los demás. Yo también vengo de un pueblo. No soy más que una chica de pueblo. Creo que a lo mejor ése es mi problema. No tengo la piel dura que hace falta para vivir en esta ciudad. He tenido tantos problemas esta semana. Cogí un apartamento con mi amiga. Tengo, o quizá debería decir tenía, una amiga. Helen Bent. Pensé que era una amiga de verdad. Desde luego, ella me hizo creer que era mi mejor amiga. Bueno, pues como éramos tan buenas amigas, parecía natural coger un apartamento juntas. Éramos inseparables. Eso decía la gente. No puedes invitar a Betsey sin invitar a Helen, decían. Esas dos son inseparables. Pues cogimos este apartamento juntas, mi amiga y yo. Eso fue hace un mes, un mes o mes y medio. Bueno, pues en cuanto que nos mudamos y nos instalamos e íbamos a empezar a disfrutarlo, descubrí que todo era un plan suyo. La única razón por la que ella quiere compartir un apartamento conmigo es para llevar hombres allí. Antes vivía con su familia en Queens. No es que a mí me parezca mal que lleve un amigo de vez en cuando, pero es un apartamento de una sola habitación y ella los llevaba todas las noches y, claro, era muy violento para mí. Había tantos hombres entrando y saliendo que aquello no me parecía mi casa. A veces, cuando era hora de irme a casa, a mi propio apartamento, por e que pagaba un alquiler y donde tenía mis muebles, me molestaba tanto llegar y encontrarme con uno de sus amigos, que me iba a la última sesión de un cine. Bueno, al final hablé con ella. Helen, le dije, este sitio no me parece mi casa. No tiene sentido que pague un alquiler, le dije, si voy a tener que instalarme en un cine. Y entonces se quitó la careta. ¡Qué cosas me dijo! Cuando volví a casa al día siguiente se había marchado, llevándose el televisor y todo. Me alegré de no volver a verla, pero ahora me encuentro con este apartamento y sin nadie que pague la mitad del alquiler, y en un trabajo como éste no tengo ocasión de hacer amigas.

Ella le preguntó si quería algo más. Era casi la hora de cerrar y Coverly le preguntó si podía acompañarla dando un paseo.

-Está claro que viene usted de un pueblo -dijo ella-. Cualquiera se daría cuenta de que viene usted de un pueblo al oírle decir si me puede acompañar dando un paseo, pero da la casualidad de que vivo a cinco manzanas de aquí y voy andando, así que supongo que no tiene nada de malo el que me acompañe, siempre que no sea usted un fresco. Estoy harta de frescuras. Tiene que prometerme que no se propasará.

-Lo prometo -dijo Coverly.

Ella siguió hablando sin parar mientras hacía los preparativos para cerrar la tienda y, cuando terminó, se puso el sombrero y el abrigo y salió con Coverly a la lluvia. Él estaba encantado con su compañía. Qué neoyokino, pensó, acompañaría a casa a una dependienta bajo la lluvia. Al acercarse a su casa, ella le recordó su promesa de no propasarse y él no le preguntó si podía subir, pero la invitó a cenar con él una noche.

-Me encantaría -dijo ella. El domingo es mi única noche libre, y si el domingo le va bien, me encantaría cenar con usted el domingo por la noche. Hay un restaurante italiano muy agradable a la vuelta de la esquina al que podríamos ir. Yo nunca he estado allí, pero esta antigua amiga mía me dijo que estaba muy bien, excelente cocina, y si usted puede recogerme a eso de las siete…

Coverly la contempló mientras ella cruzaba el portal iluminado hasta la puerta interior; una muchacha delgada y no muy agraciada, y sintió, con la misma certeza con que el cisne reconoce a su pareja, que estaba enamorado.

[páginas 172-174]

Crónica de los Wapshot

John Cheever

Epílogo Rodrigo Fresán

Traducción Maribel de Juan

Emecé, 2003