“Fall River”: los primeros relatos de John Cheever


Al lector, probablemente le surgirá una pregunta ante este tipo de recopilaciones: ¿son relatos interesantes solo para los incondicionales del escritor que devorarían hasta sus primeros garabatos de escuela o tienen valor por sí mismos, más allá de la firma? En Fall River no aparecen solo las que serán las obsesiones del Cheever adulto (el mundo de las apuestas, el alcohol, la incomprensión en el núcleo familiar, la vampirización del mundo laboral), sino los ejes axiomáticos de una literatura norteamericana que seguirá creciendo, por ejemplo, de la mano de Arthur Miller. Así lo demuestra este fragmento de «Autobiografía de un viajante», una de las piezas más destacadas del conjunto: «Cuando cumplí sesenta y dos años no tenía trabajo. No he vuelto a trabajar desde entonces. Me estoy haciendo viejo. Mi póliza de seguros venció. Mi dinero se ha desvanecido. Mi hermano y mi hermana han fallecido. Mis amigos están muertos. El mundo en el qué se moverme, hablar y ganarme la visa, ha desaparecido». Aunque sin duda ganan peso leídos dentro de la trayectoria del autor, los cuentos se sostienen por sí mismos, por su tensión entre el lirismo y la concisión, por sus atmósferas opresivas, por sus juegos de contrastes.

Manuel Guedán
Ámbito cultural

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