“Al principio también fue Cheever”


Rodrigo Fresán avisa en un estupendo prólogo que en ‘Fall River’ no se encuentra el mejor Cheever, sino aquél que está aprendiendo a nadar, el que lucha con sus influencias literarias que lo llevan de Heminway a Scott Fitzgerald; pero no es menos cierto que aquí ya aparecen, con su «oscuridad deslumbrante» característica, las historias y los personajes que harán decir a Samuel Bellow que su literatura es indispensable para saber lo que ocurre en el alma de los Estados Unidos. Basta con leer el relato que lleva por título ‘Su joven esposa’ o ‘Autobiografía de un viajante’ para encontrarse con un Cheever de apenas veintitantos años dueño en el arte del retrato preciso, del detalle minimalista, capaz de abrir en canal una realidad aparentemente normal con un par de frases y dejarnos en la boca ese poso amargo y tierno a la vez que será marca de la casa. Puro Cheever. ‘Fall River’ es por tanto un libro para los amantes de la literatura de Cheever que quieren conocer sus comienzos… O para aquellos que quieran comenzar a conocerlo.

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El Comercio Digital
27.11.10

Miguel Rojo
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