FALL RIVER – John Cheever


Fall River
John Cheever

Prólogo de Rodrigo Fresán
Traducción de Verónica Fernández Camarero
TROPO EDITORES

Diseño y maqueta: Oscar Sanmartín Vargas
ISBN: 978-84-96911-24-6
Precio: 18,50 €
Páginas: 200
ÍNDICE
  • Apuntes para una teoría del aprendiz de brujo    7
  • Río de otoño   19
  • Reunión tardía   25
  • Cerveza Bock y cebollas dulces   32
  • Autobiografía de un viajante   45
  • De paso   52
  • Bayonne   84
  • La princesa   95
  • La corista   104
  • Su joven esposa   112
  • Saratoga   123
  • El hombre al que quería   145
  • Cena en familia   167
  • La oportunidad   176

(del prólogo de Rodrigo Fresán)

[…]
Este Fall River (6) -están advertidos- abre con el segundo cuento publicado en vida por John Cheever y compila trece especímenes de lo que se conoce, sí, como “relatos de aprendizaje”. Lo que no significa que sean relatos de aprendizaje comunes y vulgares porque, quien los firma, es un aprendiz, de acuerdo, pero -atención- es un aprendiz de John Cheever. Es decir: no se encontrarán más adelante perfectas e insuperables joyas a la altura de “Adiós, hermano mío”, “El nadador” o “El marido rural”. Tampoco las gemas semi-preciosas de un Cheever ya casi puro -“Of Love: A Testimony” y “The Brothers”- aparecidas en The Way Some People Live. Pero sí los destellos en la oscuridad que las presagian y que contribuirán a su futuro hallazgo y felicidad.
Son éstos los bosquejos de alguien que siempre se supo narrador (7). Alguien que desde muy temprano entendió a la literatura como el único pasaporte posible para trascender a las miserias de su clase, y que -como apuntó en su introducción a The Stories of John Cheever– seguramente lo presentaran como alguien “más bien solo y determinado a instruirse por su cuenta. Ingenuo, provinciano en mi caso, a veces obtuso y casi siempre torpe”. “Una cuidada selección de sus primeros trabajos” mostrando y demostrando “la historia desnuda de su lucha por recibir una educación en economía y amor”.
Tampoco hallaremos en lo que sigue a los barrios residenciales y acomodados que acabaron constituyendo lo que se conoció como “Cheever Country” y que nutrirían a futuros vecinos como los de Las vírgenes suicidas, La tormenta de hielo, o la serie televisiva Mad Men. Aquí estamos todavía en los años 30 y 40, Cheever no ha encontrado aún su lugar en el mundo -no es aún el “Chejov de los suburbios” o el “Virgilio de la clase media norteamericana”- y quienes asoman la cabeza son los resignados habitantes de la Gran Depresión a los que, de tanto en tanto, el autor les concede el premio consuelo de alguna de sus características epifanías al cierre.
De lo quedisfrutaremos en Fall River es de la vista y visión de John Cheever aprendiendo a nadar. De un joven escritor abrazando y luchando con sus influencias, de la tensión que lo lleve de Ernest Hemingway a Francis Scott Fitzgerald (el modo en que la sequedad del primero acaba resultándole castrador y el romanticismo del segundo expansivo y lleno de posibilidades); de la ya personal e inconfundible manera en la que Cheever hacer rimar humor con dolor, y de lo que puede considerarse su segunda aunque primeriza obra maestra: “Autobiografía de un viajante” (8), culminando ya con una de sus características parrafadas/despedida:
Me estoy haciendo viejo. Mi póliza de seguros venció. Mi dinero se ha desvanecido. Mi hermano y mi hermana han fallecido. Mis amigos están muertos. El mundo en el que sé moverme, hablar y ganarme la vida, ha desaparecido. El ruido del tráfico bajo la ventana de esta habitación amueblada me lo recuerda.
Hemos sido olvidados. Toda nuestra experiencia no sirve para nada. Pero cuando pienso en los días en la carretera y en lo que he hecho y en lo que me han hecho, casi nunca lo hago con tristeza. Hemos sido olvidados como viejas guías telefónicas, como almanaques, como la luz de gas o como una de esas grandes casas amarillas con cornisas y cúpulas que solían construirse. Eso es todo. Aunque a veces tengo la sensación de que he malgastado mi vida. A veces tengo esa sensación por la mañana, mientras me afeito. Me entran nauseas, como si algo me hubiera sentado mal, y me veo obligado a soltar la cuchilla y apoyarme en la pared.
[…]

(6) Su título original es Thirteen Uncollected Stories by John Cheever (Academy Chicago Publishers, 1994), existió otra edición castellana y Made in Colombia y hoy casi inconseguible –El hombre al que amó y otros cuentos dispersos (El Áncora, 1996)- y no es este el libro que se suponía debía ser. Sus editores aspiraban a un complementario The Uncollected Stories of John Cheever que incluyera a “Expelled”, la totalidad de The Way Some People Live, y muchas piezas dispersas publicadas hasta poco antes de la muerte del autor. Pero tuvo lugar un largo y costoso conflicto legal con la familia del escritor (para completistas, obsesivos y estudiosos de derecho editorial existe todo un libro sobre el asunto publicado por Rowman and Littlefield, Inc. en 1998: Uncollecting Cheever: The Family of John Cheever vs. Academy of Chicago Publishers) y habrá que seguir esperando. Uno de los volúmenes de The Library of America incluye, a juicio de su editor Blake Bailey, varias piezas imprescindibles; pero seguimos padeciendo no tener entre cubiertas a maravillas como “Hommage to Shakespeare” o “The President of Argentina”.
(7) Ha quedado documentado que su maestra de primaria premiaba a sus alumnos con un “Y ahora Johnny pasará al frente y nos contará una historia”.
(8) El único de los relatos aquí presentes seleccionado por Blake Baile para The Library of America.
Totalmente de acuerdo con Blake y Rodrigo: “Autobiografía de un viajante” es una puta obra maestra (otra más) del cuento. Te toca el corazón como Cheever sabía hacerlo.
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2 pensamientos en “FALL RIVER – John Cheever

  1. He empezado a leer Fall River y no, no es muy bueno. Este Cheever no parecer el posterior Cheever, el que todos conocemos. Siento decirlo porque para mí, él es el número uno sin discusión, y a mucha distancia del segundo.
    Llevo tres o cuatro cuentos y voy a leerlos todos porque son del gran maestro y porque por principio leo todo lo suyo o lo que tenga que ver con él. Pero, en fin, son una gran decepción.

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