“Cheever. Una vida”


John Cheever (Quincy, Massachusetts, 1912-Ossining, Nueva York, 1982) seguía la estela de Dylan Thomas, pero con cierto retraso. Cuando superó los cincuenta, sólo era un escritor con sus libros descatalogados y un alcoholismo autocomplaciente, que le permitía soportar la amargura del fracaso. Su tragedia personal no había brotado de forma espontánea. Aficionada a lo decadente y aristocrático, su madre educó a sus dos hijos varones en una atmósfera de neurosis y culpabilidad. John era siete años menor que Frederick. Su relación con su hermano incluyó fantasías cainitas y escarceos homosexuales.

Desde sus primeros cuentos para The New Yorker, la infelicidad desempeña un papel esencial en la literatura de Cheever. Su tragedia personal se convierte en una metáfora colectiva. Sin olvidar la América rural o las ciudades costeras, su estilo apuró las heces del sarcasmo para reflejar su propio infortunio y el de las clases medias. La prosperidad material había mejorado las condiciones de vida de la sociedad norteamericana, pero las enfermedades del alma seguían vivas. Expulsado a los diecisiete años de la Thayer Academy, Cheever no se cansó de inventar versiones contradictorias sobre el incidente: malas notas, rebeldía, fumar a escondidas.

Según él, su vocación literaria nació en ese momento. Escribir parecía una excelente salida para un muchacho afligido por la experiencia del rechazo. El relato corto, con su estricta disciplina, le enseñó a escribir con precisión e ironía, prescindiendo de lo banal e innecesario, una lección que Blake Bailey ha aplicado a su prosa, logrando una espléndida biografía.

Cheever escribía sus cuentos, mirando hacia las raíces de un país que se forjó en la áspera rutina del agricultor, el cowboy y el marinero, pero que ahora continuaba su marcha en oficinas, apartamentos y aeropuertos. Cheever, que pasó cuatro años en la Armada y conoció la frustración del excombatiente, concibió un relato simbólico para narrar los sentimientos de los que habían conocido la penuria económica y la tensión del frente. La América de la postguerra es como el nadador de su famoso cuento (“The Swimmer”), que después de una noche de borrachera regresa a casa por las piscinas de sus vecinos.

Leer artículo completo en El Cultural

Cheever. Una vida
Blake Bailey

Traducción de Ramón de España
Duomo

Barcelona, 2010
944 páginas
42 euros.

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