en “Adiós, hermano mío”


Final del cuento Adiós hermano mío


Oh, ¿qué puede hacerse con un hombre así? ¿Qué puede hacer uno? ¿Cómo disuadir a su ojo de modo que en una multitud no distinga la mejilla con acné, la mano deforme; cómo enseñarle a reaccionar ante la grandeza inestimable de la raza, y la dura belleza superficial de la vida; cómo llevar su mano para que palpe las verdades obstinadas ante las que el miedo y el error son impotentes? Esa mañana el mar apareció iridiscente y oscuro. Mi hermana y mi esposa –Helen y Diana- nadaban, y vi sus cabezas, negro y oro en el agua oscura. Las vi salir y vi que estaban desnudas, desvergonzadas, bellas y plenas de gracia, y contemplé a las mujeres desnudas saliendo del mar.

[Foto: Revista Helios (la alemana, no la española), 1954]

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6 pensamientos en “en “Adiós, hermano mío”

  1. El tema del fratricidio en “Falconer” merece comentario aparte y en extenso. La cuestión del duelo entre hermanos aparece una y otra vez en la obra de Cheever -en relatos magistrales como “Adiós, hermano mío” o “La cómoda”-, pero no es sino hasta “Falconer” cuando el deseo se cumple y el crimen se consuma. Detrás de todo esto late la nunca del todo aclarada y traumática relación de Cheever con su hermano mayor Frederick “Fred” Cheever (…) Pocos días antes de terminar “Falconer”, Cheever llamó por teléfono a su hermano y le dijo: “Te he asesinado en las páginas de la novela que estoy escribiendo”. Fred -quien moriría el 31 de mayo de 1976, a poco menos de un año de la salida del libro- le respondió: “Ah, qué bien, Johnny, qué bien… lo has intentado tantas veces a lo largo de tantos años…”

    Rodrigo Fresán, en el epílogo a Falconer (Ed. Emecé, 2005)

  2. Creo que aquí en realidad no mata a su hermano sino a sí mismo. Lo de ver el lado negativo de las cosas es un defecto bastante común (que confieso padecer a ratos) y que cuesta mucho evitar por mucho esfuerzo que hagas. Supongo que matar literariamente una parte de ti mismo que no te gusta y que no consigues cambiar debe causar una cierta satisfacción.
    Lo de Falconer creo recordar que era distinto. Tendré que releerlo. La gran ventaja de tener una memoria horrorosa es que puedes releer los libros que sabes que te gustaron disfrutándolos como la primera vez.

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