“El nadador de John Cheever” por Eduardo Jordá


17ª piscina: la suya, su casa. Culmina la progresión hacia la oscuridad. “Todo estaba a oscuras”. Garaje cerrado con llave y la puerta oxidada. Una tormenta ha arrancado una tubería. Puerta delantera cerrada a cal y canto. Ned recuerda que ya no tiene cocinera ni doncella. Grita, golpea, intenta derribar la puerta. Todo es inútil: “La casa estaba vacía”. El peregrino, el explorador, ha llegado a lo más profundo del castillo, y allí ha descubierto la verdad que todo el mundo conocía y que él se negaba a reconocer. Está solo. No hay nadie en su casa, y tampoco había nadie en casa de los Westerhazy. Lucinda no estaba con él. Ni tampoco estaban sus amigos, los Westerhazy, porque ya no tiene amigos. Y ni siquiera podemos estar seguros de que estuviera él en aquella piscina inicial. Todo se desvanece, hasta la certidumbre física de la existencia de Ned, que se convierte en una especie de aparición, como una de aquellas hojas amarillentas arrastradas por el frío viento de otoño. Ned Merrill regresa a la irrealidad, al vacío, al aterrador hueco en la esencia de la realidad de donde ha salido.

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6 pensamientos en ““El nadador de John Cheever” por Eduardo Jordá

  1. Yo también hice la lectura de Leandro. Sin embargo, es interesante la que propone Jordá, aunque al final uno termine por rechazarla y quedarse con la idea previa (la línea entre la sutileza en el análisis y la invención es fina).

    • Yo he vuelto a leerlo esta tarde, a ver qué pasaba. Me quedo con la distorsión temporal y el misterio que la acompaña, aunque es cierto que el artículo de Jordá es estupendo y aporta muchos matices al relato. Al menos a mí, que tengo una fatal tendencia a perderme siempre algo. De todas formas, cualquier pretexto es bueno para volver a nadar con Ned Merrill

      • ¡También yo! De lo que Jordá señala y yo me había perdido rescato: “Aquí Ned se enfrenta, como todos los peregrinos, a una nueva prueba: la enfermedad del dueño, que ha sido operado y tiene una gran cicatriz en el estómago que le ha dejado un vientre sin ombligo. El dueño es un hombre sin unión con el pasado (igual que Ned). Ahora Ned se enfrenta a una imagen miserable de sí mismo.”

      • un hombre sin unión con el pasado, es verdad que ése es un detalle impactante que yo había pasado por algo y en el que he caído leyendo el artículo, pero hay otros muchos. Quedan para otro largo

  2. Pingback: Los números de 2010 « El ladrón de Shady Hill

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