“Una infancia normal” Eduardo Jordá


A primera vista, la familia de John Cheever –padre, madre y cuatro hijos- era cualquier cosa menos “normal”, así que los “Diarios” pueden leerse como la calamitosa historia de una familia desquiciada. Marido y mujer se odiaban, se recriminaban sus fracasos y se hacían la vida imposible, hasta el punto de que el marido espiaba a su mujer para evitar que le echase veneno en la comida. Cheever, además, era alcohólico. Y para empeorar las cosas, era bisexual y mantenía relaciones más o menos clandestinas con hombres y mujeres, a veces de forma sórdida en un parque o en un urinario, otras veces de forma relativamente respetable en un hotel. La mujer lo sabía, o al menos intuía lo que pasaba, aunque prefería fingir que no sabía nada. Cheever se culpaba por sus aventuras y cada domingo corría a comulgar en la misa dominical. Pero la vida con su mujer era un infierno. Un día le dijo: “Si no tienes un amante, es que eres una idiota. Pero si te pillo con uno, te estrangularé”. Es probable que Cheever estuviera borracho como una cuba, pero hablaba en serio.

Leer artículo completo de Eduardo Jordá en Diario de Mallorca

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