El aire del “New Yorker” por Antonio Muñoz Molina


Salinger por Sciammarella

Salinger por Sciammarella

Detrás de la superficie limpia de cada historia de Salinger hay esa negrura que lleva a su héroe Seymour Glass al suicidio en un día perfecto de playa o al Holden Caulfield al psiquiátrico: una negrura no muy alejada de la que nos sobrecoge en los cuentos de joviales matrimonios de John Cheever devorados por dentro por un resentimiento del fracaso alimentado de alcohol y exasperación. Pero Cheever acabó transgrediendo las normas de decoro del estilo New Yorker y escribió con una verdad y una desvergüenza que hicieron posibles sus mejores obras tardías, el largo cuento El nadador, la novela Falconer, en la que se atrevió a contar con magnífica libertad la pasión homosexual que había escondido durante toda una vida.

El País
Antonio Muñoz Molina
29 de enero, 2010

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Un pensamiento en “El aire del “New Yorker” por Antonio Muñoz Molina

  1. Aunque en muy poco tiempo dijo mucho más que muchos juntos en todos los días de sus vidas, no está tan claro que Salinger callase porque no tenía nada más que decir. Ni está tan claro que no dijese nada más. Es posible, incluso, que su silencio fuese una forma de seguir diciendo

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