Diarios, 1977


Me irrita mi falta de volumen físico y me irrita sentir esta preocupación. No hay muchas pruebas de ello en las fotografías que poseo, pero temo que me tomen por un viejo contramaestre, por un amable empleado de ferretería que sabe dónde están los clavos de todos los tamaños, por un secretario de fábrica de escopetas, por un vigilante de pequeño museo con uniforme raído que susurra: “Es hermoso, ¿verdad?”. Me veo en Berlín Occidental, maestro de ceremonias en la boda de Iole: bang-bang, una llama dinámica, brillante. A falta de volumen, uno tiene ánimo. Patino, saco la nieve y creo ver en un árbol desconocido un rastro de verdor y luz. Me parece que es lo que buscaba. Pero al acostarme a dormir la siesta, en el extremo oscuro o misterioso de las cosas imagino que estrecho entre mis brazos a un amante indigno.

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