“Solito en la vida” por Arcadi Espada


Benjamin, uno de los hijos de John Cheever, acaba así su introducción a los Diarios de su padre:

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Benjamin Cheever

“No hemos hecho nada para proteger a nuestro padre. Nada para protegernos a nosotros mismos. Mi hermana Susan, mi hermano Fred y yo nos hemos encargado de casi todo el apoyo [técnico: al editor Robert Gottlieb]; mi madre, de mantenerse al margen. Nuestro trabajo exigió tiempo; el suyo, valentía.”

Al morir, en 1982, Cheever dejó a su hijo Benjamin el encargo de publicar sus diarios. El hijo los había leído en vida de su padre y quedó turbado por ellos. El escritor daba una visión de sí mismo que nada tenía que ver con su respetabilidad pública y muy poco con la propia imagen que de él tenía su hijo. No sólo por la homosexualidad destapada. Hay una triste punzada en el corazón de ese prólogo:

“Me sorprendía lo poco que aparecíamos todos nosotros, excepto tal vez mi madre, pero el trato que recibía no era como para desear publicidad.”

De modo que tiene mucho mérito la actitud de esa familia. Revela también el llamativo carácter de algunos escritores: incapaces de apechugar con su testimonio en vida dejan el muerto a sus deudos.

El Cultural

6 de julio, 2009

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