en Crónica de los Wapshot


-¿Por qué llora?

-Dios mío -dijo ella-. Sé que no debería llorar delante de extraños, pero el jefe entró hace un momento y me vio fumando un cigarrillo y me armó una bronca. No había nadie en la tienda. Siempre hay poca gente a estas horas cuando llueve, pero eso no es culpa mía, ¿verdad? No tengo nada que hacer cuando está lloviendo y no me voy a poner ahí fuera a pedirle a la gente que entre. Pues hacía veinte minutos, veinticinco o treinta minutos, que no venía nadie, así que me metí en la trastienda y encendí un cigarrillo y en seguida entró él, olfateando como un cerdo, y me echó una bronca. Me dijo unas cosas horribles.

-No haga caso de lo que diga.

-¿Es usted inglés?

-No -dijo Coverly-. Soy de un sitio que se llama Saint Botolphs. Es un pueblo, al norte de aquí.

-Se lo pregunté porque no habla usted como los demás. Yo también vengo de un pueblo. No soy más que una chica de pueblo. Creo que a lo mejor ése es mi problema. No tengo la piel dura que hace falta para vivir en esta ciudad. He tenido tantos problemas esta semana. Cogí un apartamento con mi amiga. Tengo, o quizá debería decir tenía, una amiga. Helen Bent. Pensé que era una amiga de verdad. Desde luego, ella me hizo creer que era mi mejor amiga. Bueno, pues como éramos tan buenas amigas, parecía natural coger un apartamento juntas. Éramos inseparables. Eso decía la gente. No puedes invitar a Betsey sin invitar a Helen, decían. Esas dos son inseparables. Pues cogimos este apartamento juntas, mi amiga y yo. Eso fue hace un mes, un mes o mes y medio. Bueno, pues en cuanto que nos mudamos y nos instalamos e íbamos a empezar a disfrutarlo, descubrí que todo era un plan suyo. La única razón por la que ella quiere compartir un apartamento conmigo es para llevar hombres allí. Antes vivía con su familia en Queens. No es que a mí me parezca mal que lleve un amigo de vez en cuando, pero es un apartamento de una sola habitación y ella los llevaba todas las noches y, claro, era muy violento para mí. Había tantos hombres entrando y saliendo que aquello no me parecía mi casa. A veces, cuando era hora de irme a casa, a mi propio apartamento, por e que pagaba un alquiler y donde tenía mis muebles, me molestaba tanto llegar y encontrarme con uno de sus amigos, que me iba a la última sesión de un cine. Bueno, al final hablé con ella. Helen, le dije, este sitio no me parece mi casa. No tiene sentido que pague un alquiler, le dije, si voy a tener que instalarme en un cine. Y entonces se quitó la careta. ¡Qué cosas me dijo! Cuando volví a casa al día siguiente se había marchado, llevándose el televisor y todo. Me alegré de no volver a verla, pero ahora me encuentro con este apartamento y sin nadie que pague la mitad del alquiler, y en un trabajo como éste no tengo ocasión de hacer amigas.

Ella le preguntó si quería algo más. Era casi la hora de cerrar y Coverly le preguntó si podía acompañarla dando un paseo.

-Está claro que viene usted de un pueblo -dijo ella-. Cualquiera se daría cuenta de que viene usted de un pueblo al oírle decir si me puede acompañar dando un paseo, pero da la casualidad de que vivo a cinco manzanas de aquí y voy andando, así que supongo que no tiene nada de malo el que me acompañe, siempre que no sea usted un fresco. Estoy harta de frescuras. Tiene que prometerme que no se propasará.

-Lo prometo -dijo Coverly.

Ella siguió hablando sin parar mientras hacía los preparativos para cerrar la tienda y, cuando terminó, se puso el sombrero y el abrigo y salió con Coverly a la lluvia. Él estaba encantado con su compañía. Qué neoyokino, pensó, acompañaría a casa a una dependienta bajo la lluvia. Al acercarse a su casa, ella le recordó su promesa de no propasarse y él no le preguntó si podía subir, pero la invitó a cenar con él una noche.

-Me encantaría -dijo ella. El domingo es mi única noche libre, y si el domingo le va bien, me encantaría cenar con usted el domingo por la noche. Hay un restaurante italiano muy agradable a la vuelta de la esquina al que podríamos ir. Yo nunca he estado allí, pero esta antigua amiga mía me dijo que estaba muy bien, excelente cocina, y si usted puede recogerme a eso de las siete…

Coverly la contempló mientras ella cruzaba el portal iluminado hasta la puerta interior; una muchacha delgada y no muy agraciada, y sintió, con la misma certeza con que el cisne reconoce a su pareja, que estaba enamorado.

[páginas 172-174]

Crónica de los Wapshot

John Cheever

Epílogo Rodrigo Fresán

Traducción Maribel de Juan

Emecé, 2003

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3 pensamientos en “en Crónica de los Wapshot

  1. Yo sólo tengo claro por qué me gusta a mí: me llega al corazón. Los he leído mejores pero ese “requisito” es fundamental para estar en mi lista de favoritos.

    Saludos!

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