Diarios, 1975


Ayer me soltaron de la clínica de rehabilitación para alcohólicos. Pasar de la borrachera total a la sobriedad total es un cambio violento y desgarrado. Este momento, esta hora, es la suma del pasado no inmutable y la necesidad de futuro. No sé dónde empezó, tal vez pueda revivir este año dieciocho veces sin dominarlo. Diría que comenzó con la pantomima del otro lado del río y sigue esta mañana con un saludo seco, un vaso de zumo de naranja y un poco de café frío. En la casa, que contiene a dos personas, reina el silencio. Parece que mi salvación se encuentra sobre todo en la risa. La risa y el trabajo. El alcohol cumplía una función incalculable. Creo que he perdido algunos originales. Aseguro que sólo me preocupa la posibilidad de que caigan en manos ajenas. No puedo asimilar la vergüenza de haber perdido las amarras a causa del alcohol. Esta mañana me parece que he perdido diez kilos y veinticinco años. Una cosa es la vieja pereza que justificaba con la edad. Si quieres quitaré los postigos, pero mañana. Como. Tomo diecisiete tazas de café negro. Ya que digo que esto es un medio de comunicación, debo demostrarlo. ¿Qué tengo? El escudo, el alcohol; pero al cabo de un siglo, negro como el basalto en bruto, el ónice, la antracita. La representación de la libertad y la justicia. La noche de los gatos. La visita, todavía incomprensible. Pienso en el O’Hara cuarentón que dejó esa mierda y pudo seguir trabajando. Ha sido prácticamente el único.

He sufrido un cambio violento, pero nada más parece haber cambiado. En busca del beso de buenas noches, la única piel que encuentro es la de un codo. Los perros nos despiertan antes del amanecer, y cuando pregunto qué puedo hacer, recibo una respuesta destemplada. Últimamente no disfruta cuando se acuesta conmigo. Soy el rey de la montaña, pero parece que nadie lo sabe. Puedes escribir sobre la partida de los invitados.

Día núm. 2. Todavía estoy muy nervioso, pero me parece que no tomare Valium. Trataré de escribir sobre la libertad. Hay tres ocasiones de peligro. Una es la euforia de trabajar a tope; otra es la euforia del alcohol, cuando creo caminar entre las estrellas, y otra es la euforia de la sobriedad total, cuando creo dominar el tiempo. El puente de lenguaje, metáforas, anécdotas e imaginación que construyo todas las mañanas para cruzar las incongruencias de mi vida parece, en verdad, muy frágil.

Amy Winehouse Rehab

Recibo una carta de A. Me he convencido de que le amo; debo de haberle escrito cien cartas de amor; he anhelado su compañía, disfrutado de su conversación y he sentido interés por su trabajo. No es mi amante y el hecho de que me haya rechazado tal vez afecte a mis sentimientos de una forma que no comprendo. En síntesis, parece que no aprecia mi encanto, mi capacidad, etc. A veces parece indiferente a mis dotes y la forma en que los utilizo. ¡Qué dilema! Y yo, tal vez por amor, le he atribuido un carácter y una inteligencia que no desea poseer. No sé cómo son sus parejas sexuales, pero diría que son bellas y musculosas. No puedo imaginar su consumación. El contenido de su carta me ofende y el estilo me parece frívolo. A veces parece querer presentarse como un homosexual agresivo, lo cual me resulta incomprensible. Tal vez repite alguna escena con su padre. Con todo, no creo que su conducta merezca tanta investigación. Tal vez sea su papel.

La primera tarde está en un bonito yate; la primera noche en un cine de homosexuales. Mi único sentimiento es la duda, saber cuándo llegan a la costa los aviones de Nueva York. En realidad no importa, pero ¿por qué quiere que lo rechace? ¿Por qué quiere que lo imagine poniendo el culo a todo el mundo, un culo que nunca será mío? ¿Cómo habré podido enamorarme de un hombre tan estúpido? ¿Son todos mis amores igual de necios? No seré malo con él.

Amy Winehouse Love Is A Losing Game

Los blues de recoger los pedazos. Estoy triste todo el tiempo. Los blues de recoger los pedazos, no puedo ordenar los pedazos. Los blues de recoger los pedazos, pero el rompecabezas no es mío.

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