¿Y qué diablos le ha pasado a Johnny Cheever? (Diarios, 1969)


¿Y qué diablos le ha pasado a Johnny Cheever? ¿Ha dejado la máquina de escribir a la intemperie? Además, nadie le llamaba Johnny, salvo sus amigos C. y L, que cambiaban nombres a voluntad. Eddie, Neddie, Howie, robbie y hasta Petey. ¿Sabía escribir un buen relato? ¿Un relato de amor? Un día gris, que a las diez parece crepuscular, J. baja a la piscina. tiene la clase de aspecto o belleza que en una tarda como éste le hace destacar entre todos nosotros. Sus dientes -cantidad, tamaño, blancura- parecen postizos, aunque me han dicho que no lo son. Asoman algunas canas entre sus bucles napolitanos y un punto calvo, pequeño pero evidente. Los rasgos son espléndidos, los modales amables pero viriles. Trata, según le han enseñado, de disimular su falta de estudios. Es el consorte soñado por las mujeres ricas cuya juventud ha quedado atras. Sé que es un hombre cariñoso, que sabe pegar un buen casquete y es buena compañía, pero a diferencia de todos nosotros tiene un aspecto que se puede comercializar.
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Un pensamiento en “¿Y qué diablos le ha pasado a Johnny Cheever? (Diarios, 1969)

  1. Me llaman la atención dos rasgos muy americanos, que no tendrían traslado aquí: lo de bajar a la piscina y lo del aspecto que se puede comercializar.

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