Cheever&Agee


Jim Agee murió ayer en un taxi. Era muy generoso conmigo y tal vez sería hipócrita e insincero asistir a la misa de difuntos. No éramos buenos amigos. Tenía muchas cualidades, mucha vitalidad. Nuestros ritmos eran diferentes, pero no sé por qué no simpatizábamos. Hoy todo está moteado: masas de oscuridad y resplandor, todo en movimiento. Es un paisaje y una época del año en la que resulta imposible abrigar malos sentimientos.
Piento, y tal vez soy mezquino, que a lo mejor había un desequilibrio entre la relación de la obra de Agee con la gente que la apreciaba y la relación de dicha obra con la de todos los demás. Me entristece pensar que ha muerto.

Diarios, 1955

En una novela, una casa o una personalidad deben su significado, su existencia, exclusivamente al escritor. Aquí, una casa o una persona solo tiene su significado más limitado a través de mí: su verdadero significado es mucho más vasto. Es porque existe, vive realmente, como usted y yo, y como no puede existir ningún personaje de la imaginación. Su gran peso, misterio y dignidad residen en este hecho. En cuanto a mí, solo puedo contar en ella lo que vi, con la exactitud de que soy capaz en mis términos: y esto a su vez tiene su categoría principal, no en cualquier capacidad mía, sino en el hecho de que yo también existo, no como obra de ficción, sino como un ser humano. Debido a su peso inconmensurable en la existencia real, y debido al mío, cada palabra que digo de ella tiene inevitablemente una especie de inmediatez, una especie de significado, en absoluto necesariamente ‘superior’ al de la imaginación, sino de una clase tan diferente, que una obra de la imaginación (por muy intensamente que la extraiga de la Vida) solo puede como máximo imitar débilmente una mínima parte de ella.

Elogiemos ahora a hombres famosos
James Agee y Walker Evans
Seix Barral, 1993

Jim Agee era un Poeta de la Verdad; un hombre que no se preocupaba en absoluto por su apariencia, solamente por su integridad. Ésta la preservaba como algo más valioso que la vida. Llevaba su amor por la verdad hasta el extremo de la obsesión. En Let Us Now Praise Famous Men su descripción de los objetos de una habitación era detallada hasta el punto de constituir un homenaje a la verdad. Durante una fracción de eternidad esos objetos existieron en una colocación determinada dentro de un espacio circunscrito; eso era verdad. Y la verdad era digna de ser contada.

John Huston
A libro abierto (Memorias)
Espasa Calpe, 1986

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