John Cheever: angeles y demonios de la clase media


La flamante publicación de los Cuentos Completos del escritor norteamericano en dos volúmenes, supone un acontecimiento para volver a apreciar una de las obras más sólidas e influyentes de la literatura del siglo XX, que plantea los avatares de una serie de personajes signados por la difusa confluencia de lo angelical y lo demoníaco.

Caracterizar a John Cheever (1912-1982) no es tarea sencilla: no basta con presentarlo como una de las voces más desencantadas del american way of life, ni como el hombre que se aferró a la literatura y al alcohol para exorcizar los peores demonios de la existencia, ni siquiera como el artífice de las mentiras más brillantes que pueda cobijar un relato de ficción.
Su narrativa ofrece las mismas contradicciones —y acaso la misma sensación de invulnerabilidad— que su persona: esquiva e inasible, casi imposible a la hora de identificar las certezas que sustentan esa leyenda construida a base de expulsiones —del colegio, de la vida académica— y rebeldías continuas.
Tal vez una de las pocas verdades que dejó Cheever es la dimensión de su convicción literaria: “No poseemos más conciencia que la literatura (…). La literatura ha sido la salvación de los condenados, ha inspirado y guiado a los amantes, vencido la desesperación y tal vez en este caso pueda salvar al mundo”, escribió cierta vez.
Con una producción escueta que incluye siete libros de cuentos y cinco novelas, el escritor no sólo se convirtió en uno de los más influyentes de su generación, sino que incluso se ganó el reconocimiento de Vladimir Nabokov y Truman Capote, conocidos por examinar con una mirada poco piadosa la obra de sus colegas.

IRÓNICO CRONISTA. Los relatos de Cheever, considerado el cronista más sensible e insidioso de la vida norteamericana en las zonas residenciales, fueron publicados por el sello Knopf en 1978 bajo el título de Relatos de John Cheever, y le valieron el Premio Pulitzer de Literatura un año después.
La iniciativa alcanzó un gran éxito de ventas y supuso también el reconocimiento definitivo de la crítica hacia un autor que tardó en consolidar su merecido puesto entre los grandes.
Nacido el 27 de mayo de 1912 en Quincy, los relatos de Cheever hablan de las ironías de la vida contemporánea en Estados Unidos y pueden considerarse comedias de costumbres, sutil y elegantemente elaboradas, preocupadas por el empobrecimiento espiritual y emocional de la clase media: en esa línea, sus personajes son por lo general simbólicos, y las situaciones que describe realistas y detalladas.
Los cuentos (Relatos I y Relatos II) que acaba editar el sello Emecé en dos volúmenes de 518 y 499 páginas, fueron publicados en importantes revistas —como The New Yorker— y a partir de 1930, se publicaron en varios volúmenes: Cómo viven algunas personas (1943), El enorme aparato de radio (1954), El ladrón de Shady Hill (1958), El brigadier (1964) y El mundo de las manzanas (1973).
“La idea del escritor como generador de todo un universo, como arquitecto reconocible de un paisaje que sólo le pertenece a él, no es algo nuevo y suele ser uno de los rasgos más reconocibles de la Gran Literatura. Pensar en Charles Dickens o en Antón Chejov o en Marcel Proust o en J. G. Ballard; todos ellos escritores que no se limitan a marcar un territorio sino que, además, lo habitan”, explica Rodrigo Fresán desde las páginas del epílogo incluido en el segundo tomo.
“El caso de John Cheever, sin embargo, goza de una particularidad atendible. Sobre todo en sus relatos. Cheever no se limita a ser el Deus Ex Machina del asunto sino que, además, se pone en la piel del pecador. Cheever es víctima y victimario, confesor y penitente, máscara y enmascarado”, detalla.

VÉRTIGO. En general, sus cuentos empiezan vertiginosamente y ofrecen un ritmo rápido y muchos desplazamientos: “El primer principio de la estética es el interés o el suspenso. Usted no puede esperar comunicarse con nadie si es un tedioso”, solía decir al respecto.
La lista continúa, a tono con la multiplicidad temática: los momentos más oscuros del matrimonio, la polaridad entre carne y espíritu, la pugna entre la memoria y el olvido, y la capacidad de la naturaleza de redimir los aspectos falibles del ser humano, completan un espectro hilvanado por el afán de la mentira.
“Los relatos aquí contenidos abarcan, a la vez que trascienden, toda categoría espiritual o cósmica, realista o fantástica sin por ello negar la presencia de una inteligencia y de un amor más allá de nuestra comprensión y aun así… los relatos aquí son sucesivos Big Bangs apocalípticos. Finales del mundo por el solo placer de que, a vuelta de página, tenga lugar un nuevo Génesis, otra posibilidad, un había otra vez”, analiza Fresán.
Estos dos volúmenes no reúnen la totalidad de las ficciones breves de Cheever, ya que existen sesenta y ocho relatos más, de los que apenas trece se reunieron en forma de libro.

Reseña en El diario de Paraná(Argentina)
Martes 3 de octubre, 2006

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4 pensamientos en “John Cheever: angeles y demonios de la clase media

  1. Sigue haciendo usted el blog más bello de la historia. Es que todo lo que Cheever hace es tan sumamente bello.

    Un tipo, Montse, por si no lo conocía.: Gregory Crewdson. Fotógrafo de los suburbios en clave enrarecida.

    “desde el E.T. de Spielberg hasta Vértigo de Hitchcock (su película favorita), pasando por David Lynch o David Cronenberg; los relatos de John Cheever o Raymond Carver; los personajes solitarios de Edward Hopper y la fotografía documental americana desde Walker Evans hasta Eggleston, pasando por Winogrand, Joel Sternfeld o Stephen Shore.” (http://www.elpais.es/articulo/arte/imaginario/norteamericano/elpbabart/20060422elpbabart_2/Tes/)

    Más cositas: ¿qué se puede conseguir por aquí de Richard Yates, bien editado? ¿qué le pareció?

    Gracias, y un saludo.

  2. Pues estoy hecho un lío; ¿qué tengo que comprar para tener los relatos completos de este cheever?. Sólo dispongo de la geometría del amor y puestos a invertir me gustaría la edición mejor, pero también más completa. Un beso, MV. Ahh y gracias.

  3. Para Alvy:
    ——–

    MUCHÍSIMAS GRACIAS (de parte de Cheever) por el elogio 🙂

    No lo conocía, así que apunto a Gregory…

    “Vía revolucionaria” de Richard Yates (en Emecé) comparte en mi casa estantería con Cheever. Por afinidades temáticas y de estilo. Aunque todavía es más triste (y ya es decir) que Cheever. Muy bueno:
    “Llegó a la ventana justo a tiempo de verlo sobre las copas de los árboles que se divisaban más abajo del césped: la forma alargada de una ambulancia saliendo de Revolutionary Road, el breve fulgor del sol reflejado en la carrocería al salir de la curva y tomar la Ruta Doce, mientras la sirena, más aguda cada vez, se convertía en un alarido insoportable, sostenido, que quedó flotando en el aire mucho después de que el vehículo se perdiera de vista.”

    En la solapa del libro se anuncia la publicación de todos sus cuentos. ¡Bien!!

  4. Para Enrique:
    ———–

    No hay lío posible ya que no hay posibilidad de tener los cuentos completos de Cheever. Ni en USA. Allí lo intentaron pero hay problemas de derechos con sus familiares (de momento nos quedamos sin poder leer “Expelled”).

    Emecé nos ha hecho una JUGARRETA ENORME -a un precio para ricos- editando cuentos nuevos PERO dividiendo los cuentos que ya aparecían en “La geometría del amor” entre los 2 volúmenes “Relatos I y II” -esos libros tan monos de la portada blanca-. Es lo más completo que hay hasta ahora.

    ¡Emecé: no todos somos Paris Hilton!

    (yo de momento me quedo mirándolos -y sobándolos- con envidia en las librerías)

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